Dos entes en una misma persona,
una persona enfrente de dos mundos gigantes que la aplastan,
la abasallan, la torturan.
Respuestas inecesarias, palabras confunsas.
Ella es su propia tumba.
Soy mi propia tumba.
Salir por la noche, recorrer lugares donde hay reflejos,
donde hay fantasmas.
Terminar en un baldio, lleno de nada, pastizales largos,
sonidos extraños, una pala tirada.
Llueven palabras, caen de punta, lastiman mi piel.
No hay donde esconderse, no hay a donde ir, no hay con que cubrirse.
Ordeno esas palabras, no llegan a nada, tienen sentido,
traen desquicio, dolor.
Mi piel magullada, un poco lastimada, me acostumbro al dolor.
Me arrodillo, suplico un final por mas terrible que sea.
No hay dios que sea capaz de escuchar.
Tomo la pala y comienzo a cavar, no se dimenciones ni cantidades ni tiempo.
Solo comienzo a cavar.
La tierra humeda de palabras agresivas, las junto de amontones.
Las acumulo detras.
En la profundidad no hay palabras, entro en el augero y comienzo a tapar
Quiero pero no quiero.
Amo pero el amor se fue.
Sociabilizo pero estoy sola.
Grito pero nadie escucha.
Lloro pero todos ignoran
Suplico pero no hay dios.
Lau
4 comentarios:
Gracias por pasate:)y por la buena onda :)
Bendita dicotomía!
Siempre alguien ve, siempre alguien escucha...
besos...
Ana
vistesss q no soy la unica lectoraaa
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